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Ladrido
excesivo
M.V. Claudio Gerzovich Lis
El
ladrido de los perros:
más que una molestia
A
la mayoría de los propietarios de perros, sobre todo aquellos que viven
en casas, les interesa que sus perros ladren ante la presencia de extraños.
De esta manera se sienten protegidos por sus animales y además disuaden a
potenciales ladrones de ingresar en sus domicilios. Sin embargo, si el
ladrido de un perro no se produce en forma momentánea inducido por un estímulo
externo amenazante sino que es una constante, deja de ser una característica
positiva para constituirse en un comportamiento indeseable, sobre
todo para aquellas personas que conviven con sus perros en apartamentos o
pisos.
Si bien el ladrido de un perro es un comportamiento normal, genéticamente
programado, que cumple tanto las funciones de aviso o alarma para
los miembros de un grupo de pertenencia como la de amenaza hacia extraños
que intenten penetrar en su territorio, también puede ser emitido por
muchas otras razones y en las circunstancias más diversas. Una de las
causas más frecuentes por las que un perro comienza a ladrar es la
denominada facilitación social. Este término se utiliza para
explicar aquellos comportamientos que un animal realiza cuando es
estimulado por otro animal que ejecuta la misma conducta. Es habitual
que cuando un perro del vecindario comienza a ladrar sea seguido por el
resto de los perros del lugar.
Debido a que en la mayoría de los casos no es posible corregir la causa
que origina el problema, una forma adecuada para revertir este
comportamiento puede ser estimular al perro a realizar un comportamiento
incompatible con el ladrido, como por ejemplo, pedirle que obedezca una
determinada orden y premiarlo por su respuesta adecuada. Por supuesto
que es posible aplicar esta técnica si uno está presente cuando el perro
comienza a ladrar. Por el contrario, si el perro se encuentra solo cuando
es estimulado a ladrar por sus congéneres vecinos, nada se puede hacer
para modificar la situación, salvo esperar a que el animal que dirige el
"coro" decida dejar de ladrar.
Otra de las causas frecuentemente responsables del ladrido excesivo es la frustración
social. Los perros son animales altamente sociales, que disfrutan de
la compañía de sus dueños. Muchos propietarios les permiten a sus
animales disfrutar de su compañía hasta que por alguna conducta
indeseable del animal deciden encerrarlos. Esta actitud humana genera un
gran desconcierto en el perro y, sumada a la frustración producida por la
separación y la consiguiente soledad, induce a muchos perros a ladrar
descontroladamente a fin de eliminar las tensiones. Por eso es tan
importante acostumbrar a un perro desde su etapa de cachorro a quedarse
solo en forma gradual a fin de evitar alterar su estado emocional en forma
repentina.
Otra razón que induce a los perros a ladrar excesivamente es el aburrimiento.
Cuando un perro está solo por varias horas se aburre y una de las
actitudes que puede tomar ante esta situación es ladrar. Lo conveniente
es tratar de no dejar solo a un perro por largos períodos o,
cuando no hay más remedio, dejarle objetos que llamen su atención y que
pueda morder a fin de que se distraiga.
Pero también en este punto el aprendizaje puede jugar un rol sumamente
importante. Es común observar cómo un propietario termina haciendo lo
que su animal pretende con tal de que haga un poco de silencio. Compartir
la comida con él, dejarlo ir a dormir con los chicos o salir
corriendo a dar un paseo porque el ruido producido por el ladrido del
animal se torna insoportable, son sólo algunos ejemplos. Sin embargo, jamás
hay que olvidar que los perros tienen una gran capacidad de aprendizaje y
que rápidamente captarán que el mejor camino para obtener lo que desean
será ladrar. Por eso es imprescindible evitar este comportamiento
indeseable no "premiando" a un perro por emitir el ladrido.
Si esta conducta ya está instalada uno de los mejores caminos a seguir
será ignorarlo hasta que perciba que ladrar no le garantiza llamar
la atención de su dueño, sino más bien todo lo contrario.
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